12 de Noviembre natalicio de Sor Juana

Evocación a Sor Juana en su cumpleaños

Sor Juana y Quevedo...todo se puede decir

Las palabras eran perlas con las que podría hacer collares, ladrillos con los que construiría castillos, lodo con el que fabricaría personas...

Sor Juana precursora de la nueva mujer I

La palabra de sor Juana se edifica frente a una prohibición…Su decir nos lleva a lo que no se puede decir...

Sor Juana precursora de la nueva mujer II

Curiosa irredenta, estudiosa del mundo que le tocó vivir, poeta, mujer misterio, fiel a su vocación

Mujeres inconvenientes, sin centavear

Su producción literaria se caracteriza por su sinceridad y fuerza, que alcanzan tonos desconocidos de sus contemporáneos

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3 de enero de 2015

Noticieros Televisa: Vida y obra de Sor Juana Inés de la Cruz, Octavio Paz

  • En el siglo XVII en México abundaron los escritores, los poetas y los teólogos pero la figura central fue una poetisa y una intelectual se llama Sor Juana Inés de la Cruz, decía Octavio Paz
Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe
CIUDAD DE MÉXICO, México, abr. 19, 2014.-Octavio Paz publicó en 1982 Sor Juana Inés de la Cruz o Las trampas de la Fe con el sello del Fondo de Cultura Económica.

El Premio Nobel de Literatura 1990 narra en su libro que hacia 1930, cuando él empezó a escribir, “la poesía de Sor Juana Inés de la Cruz había dejado de ser una reliquia histórica” gracias a Amado Nervo y su libro Juana de Asbaje de 1910, a Ermilo Abreu Gómez quien editó Primero sueño, la Carta atenagórica y la Respuesta a sor Filotea de la Cruz y a Xavier Villaurrutia quien editó los Sonetos y las Endechas.

Octavio Paz, por influencia de Jorge Cuesta, leyó en esos años los poemas de Sor Juana Inés de la Cruz. En 1971, la Universidad de Harvard lo invitó a dar cursos sobre Sor Juana. En 1974 impartió una serie de conferencias sobre Sor Juana Inés de la Cruz en el Colegio Nacional y a partir de esas notas, y de las grabaciones, empezó a escribir en 1975 su libro.

El 26 de junio de 1984, el también Premio Cervantes de Literatura, Octavio Paz, transmitió por Televisa el programa La Persona y la Obra de Sor Juana Inés de la Cruz como parte de la serie de televisión Conversaciones con Octavio Paz.

Aquí algunas de las reflexiones de Octavio Paz sobre la vida y la obra de Sor Juana.

“Los tres siglos que duró el periodo que llamamos, con cierta inexactitud, Colonial, fue una época de tranquilidad, paz y desarrollo”.

“No fueron siglos de cautividad como se ha dicho muchas veces, sino de gestación. En esos siglos se formó un pueblo, una Nación”.

“El segundo siglo, el siglo XVII, quizá al final, es el siglo del medio día, es el momento en que los mexicanos asimilamos, en el campo del arte, el estilo Barroco, y nos apropiamos de ese estilo con singular fortuna. Lo recreamos y le damos características especiales”.

“El Barroco de México es una contribución de la sensibilidad del pueblo Novohispano al arte mundial del siglo XVII.

"Pienso en la arquitectura, en la escultura, sobre todo en la poesía, pero también en la cocina, por que en ese siglo se forma ya de un modo más claro la cocina mexicana”.

“Cuando hablo de cocina, al hablar de cultura, no cometo un disparate. La cocina no sólo es una manera de nutrirse, de alimentarse, sino que es una ciencia y sobre todo, es un arte. Además, la cocina acompaña a los hombres en una de las formas más altas de la civilización: el convivio, el banquete, la cena; y en la cultura nuestra hay dos momentos muy altos que están asociados a la cocina, el Banquete Platónico y La Última Cena de Jesús. Los dos momentos más altos tal vez de nuestra cultura”.

“En el Siglo XVII, en México abundaron los escritores, los poetas y los teólogos. Algunos de ellos fueron notables, pero la figura central, la luminaria, fue una mujer, una poetisa, pero también una intelectual. Esta mujer es una de los poetas más altos de nuestra lengua y en la América de habla española solamente se le puede comparar hasta el siglo XIX con otro gran poeta Rubén  Darío, y en la América de habla inglesa sólo encuentro de nuevo hasta fines del XIX solamente otros dos poetas, un hombre y una mujer, Whitman y Emily Dickinson; esa mujer nació en Nepantla y se llama Sor Juana Inés de la Cruz, Juana Ramírez”.

“Juana Inés nació en el caserío de San Miguel, Nepantla, en las estribaciones del volcán Popocatépetl, en el año de 1648. El 2 de diciembre fue bautizada Inés hija de la Iglesia, que quiere decir, hija natural. Pasó su primera infancia en la vecina hacienda de Panoaya que perteneció a su familia por seis generaciones”.

“Vivió al lado de los virreyes de los dieciséis a los veinte años, tomó los hábitos cuando iba a cumplir veintiún años y profesó en el convento de San Jerónimo”.

“¿Porqué cuando nada en su vida era indicio de una vocación religiosa y la rodeaba la admiración general, abandona la Corte y se encierra en un convento? Toma los hábitos porque según escribió más tarde, para la negación total que tenía al matrimonio era lo menos desproporcionado y lo más decente que podía elegir, que era de querer vivir sola, de no querer tener ocupación obligatoria que embarazase la libertad de estudio, ni rumor de comodidad que impidiese el sosegado silencio de sus libros".

"Sor Juana toma una decisión racional. Su elección no fue resultado de una crisis espiritual, ni de un desengaño sentimental, fue una decisión sensata, consecuente con la moral de la época y con los usos y convicciones de su clase”.

“El convento no era escala hacia Dios, sino refugio de una mujer que estaba sola en el mundo. El claustro conventual es el equivalente de la una biblioteca. Sor Juana estudió sola, no tuvo maestros, sus únicos y mudos confidentes fueron los libros”.

“Las pinturas que hoy conocemos de ella son de Miranda y Cabrera. En el cuadro de Miranda, Sor Juana está de pie, sentada en el de Cabrera, la semejanza comienza por el fondo de los dos cuadros, un paisaje de libros. En los dos retratos, la mano izquierda acaricia las cuentas de un rosario muy grande que hace las veces de un collar, el gesto es más galante que devoto. En el centro un escudo, la virgen guerrera”.

“Ya es hora de hablar un poco de Primero sueño, el gran poema filosófico de Sor Juana. Es un poema muy difícil, por su tema, por su asunto, pero también por su lenguaje y por su arquitectura verbal. Tal vez la mejor descripción de este extraño poema es la del padre Calleja que fue lector inteligente y admirador de Sor Juana. El piensa que el tema de Primero sueño es este:

Siendo de noche me dormí, soñé que de una vez quería comprender todas las cosas de que el universo se compone, no pude ni aún divisas por categorías, ni aún sólo un individuo, desengañado amaneció y desperté”.

“Me parece que en su concisión describe muy bien el tema de primero sueño, el cuerpo duerme, el alma esta despierta, se lanza a los espacios para conocer los secretos del universo”.

“Primero sueño es un delirio, pero es un delirio racional; es un poema no claro, no hay colores radiantes como en Góngora, es un poema en claroscuros, es un poema hecho de oscuridades y sombras rotas por relámpagos repentinos, por claridades súbitas”.

“Su tema también es un tema poco frecuente en la historia de la poesía. Su tema es el conocimiento, mejor dicho, el acto de conocer. Es un tema que no fue usado por los poetas del siglo XVII. Ni Góngora, ni Quevedo, ninguno de los grandes poetas de ese siglo escribió algo semejante, tampoco en la tradición española”.

“Para encontrar algo equivalente a este poema de Sor Juana más bien hay que ir al siglo XX, a la poesía de Valéry, o antes, a la poesía de Mallarmé, es decir, a los grandes poemas filosóficos de la modernidad. El poema de Sor Juana es un poema filosófico profundamente influido por el neoplatonismo, como toda su poesía, en este caso el neoplatonismo hermético”.

“Posiblemente vivió esas ideas en el padre Kircher, un jesuita famoso en su siglo, naturalmente Sor Juana insertó este neoplatonismo hermético en la neoescolástica de su siglo y de su época”.

“Sor Juana se apoyaba en el favor del palacio virreinal para afirmar su posición en el convento y conservar su independencia frente a las otras monjas. Así, tuvo que enfrentarse no sólo a las intrigas y celos de la comunidad, sino más profundamente a la incompatibilidad entre la vida libre y solitaria del escritor y la colectiva y rutinaria del convento. El saber desinteresado de Sor Juana parece blasfemia o locura”.

“La amenaza más grave contra la independencia y seguridad de Sor Juana comenzó el día en que Francisco de Aguiar y Seijas fue nombrado arzobispo de México”.

“Inició una política de austeridad que pocos aplaudieron. Con la misma severidad reprobaba los espectáculos públicos, sobre todo el teatro. No conocía ni la amistad ni la confianza. Siempre se distinguió por su humor lunático y caprichoso, su devoción extrema y sus accesos de irritación”.

“Fue célebre por su horror a las mujeres; daba gracias a Dios por ser corto de vista, pues así no las veía. Eran una amenaza para su salud espiritual”.

“Amigo de Sor Juana fue el Obispo de Puebla, Manuel Fernández de Santa Cruz, teólogo y erudito, hábil administrador y político cauteloso”.

El obispado de Puebla era el segundo de la Nueva España, y no pocas veces sus obispos fueron rivales de los arzobispos de México; las rivalidades de los prelados se expresaban en formas encubiertas”.

“En 1690, Santa Cruz publicó la crítica de Sor Juana Inés al famoso sermón del jesuita portugués Antonio de Vieira sobre las finesas de Cristo. Sor Juana escribió esa crítica conocida como la Carta atenagórica, no por voluntad propia, sino para el obispo. Él fue el destinatario de esas carta, el dio la aprobación eclesiástica para que se publicara, él redactó el prólogo y él costeó la edición”.

“La Carta atenagórica fue el único escrito teológico de Sor Juana. El obispo de Puebla no oculta su desacuerdo con el pseudónimo de Sor Filotea de la Cruz, declara en la misiva que precede a la Carta atenagórica”.

“No pretendo que usted mude de genio renunciando a los libros, sino que lo mejore leyendo el de Jesucristo…De Aguiar y Seijas era amigo y admirador de Vieira”.

“La respuesta a Sor Filotea de la Cruz está fechada el primero de marzo de 1691; el nombre de su destinatario era un secreto a voces”.

“Sor Filotea de la Cruz no era sino el obispo de Puebla, el antiguo protector de Sor Juana. La respuesta a Sor Filotea es una autodefensa. ¿Y de que se defiende Sor Juana? se defiende de la acusación que se le ha hecho, un amor inmoderado a las letras humanas, un amor que le ha hecho olvidar sus deberes religiosos”.

“Para defenderse Sor Juana recuerda su niñez y la afición invencible que sintió desde niña por el saber, nos cuenta sus primeros estudios, las clases de latín, sus experiencias con las ciencias; cómo se interesa en la geografía y en la geometría, astronomía, en la física, en el derecho. Cómo lee a los grandes poetas y a las grandes poetisas de la antigüedad”.

“Nos cuenta las aventuras de su alma en la noche del saber, en la búsqueda del conocimiento, una biografía intelectual es algo no menos rico en incidentes y quizá  en enseñanzas que las biografías que nos cuentan las aventuras de los héroes o bien los hechos de los aventureros”.

“Una autobiografía intelectual como la de Sor Juana es un documento único por muchas razones, en primer lugar por su valor psicológico, nos descubre su alma, y en segundo lugar por su valor histórico y esto es esencial”.

“No solamente es una de las primeras autobiografías intelectuales de la cultura moderna, sino que es la primera autobiografía de una mujer; es la primera vez que una mujer nos cuenta su lucha con el conocimiento y es lucha no de una discípula, sino de una autodidacta en la soledad de su celda y en la soledad de sus lecturas”.

“La erudita norteamericana Dorothy Schons ha dicho con razón que Sor Juana es la primer feminista de América, yo añadiría algo más, es aún de las primeras víctimas del feminismo por que no fue únicamente por su saber sino por su sexo por lo que fue perseguida, por prelados orgullosos, celosos de su autoridad, y este destino de Sor Juana nos recuerda a nosotros, hombres del siglo XX, la suerte de tantos intelectuales, de tantos escritores y poetas que han sido perseguidos en todas partes del mundo por burocracias intolerantes, por burocracias seguras de su saber y que odian el saber ajeno”.

“La actitud de Fernández de Santa Cruz reveló una cautela que colindaba con la doblez y la hipocresía”.

“No contestó la carta de su protegida ni sabemos cuál haya sido su reacción al recibirla”.

“Era preferible abandonar a la monja que prolongar y envenenar una disputa no sólo con el arzobispo de México y sus amigos, sino con muchos jesuitas”.

RAMG



Por: Noticieros Televisa Fuente: Noticieros Televisa 19. Abr. 2014 Vida y obra de Sor Juana Inés de la Cruz: Octavio Paz

Fuente: http://noticieros.televisa.com/mexico/1404/vida-obra-sor-juana-ines-cruz-octavio-paz/

25 de agosto de 2013

Sor Juana se fue del mundo, el mundo siguió con ella


  • Elvridge-Thomas analizó junto con Cecilia López Ridaura la obra de la Décima Musa

    • Sor Juana pudo no sólo escribir, sino desarrollar su talento, que en cualquier otra condición hubiera sido más difícil
    CIUDAD DE MÉXICO (23/MAY/2013).- Sor Juana Inés de la Cruz se alejó del mundo para poder dar rienda suelta a su inquietud intelectual, sin embargo, el mundo nunca la abandonó, pues al convento de San Jerónimo, donde ella se enclaustró por gusto, entraba gente y las noticias fluían, señaló Roxana Elvridge-Thomas.
    Al participar anoche en la sesión "Una habitación propia: Sor Juana, presa de conciencia", dedicada a analizar aspectos en la obra y pensamiento de Sor Juana Inés de la Cruz, la dramaturga Elvridge-Thomas sostuvo que "ella entró por su propio pie al convento de San Jerónimo para hacer el grueso de su obra".

    En la Sala Adamo Boari del Palacio de Bellas Artes, la también investigadora se refirió en el sentido de que Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana, mejor conocida con el paso del tiempo como Sor Juana Inés de la Cruz, tenía, como mujer del Siglo XVII únicamente dos opciones para hacer su propia vida:


    La primera, dijo, casarse, muy probablemente con algún patán de la época, y nada más dedicarse a lo que las mujeres de entonces se dedicaban. Es decir, a las labores propias del hogar, y a tener, educar y atender a muchos hijos, los cuales seguramente con los años le sacarían canas verdes y la enfermarían.


    La segunda, explicó enseguida la experta en el tema, entrar a un convento y hacer lo que le gustaba: Escribir. "Primero entró al convento que hoy es el centro de cultura Ex Teresa Arte Actual, cerca de la Catedral. Ahí enfermó y las monjas la regresaron a las autoridades que la habían recomendado".

    Una vez recuperada su salud, abonó a sus declaraciones, "se fue a refugiar al Convento de San Jerónimo, donde con su dinero acondicionó su celda para vivir tranquila y cómoda". Cada monja jerónima, según sus recursos, hacía su celda-casita linda, por eso Virginia Woolf escribió la obra "Una habitación propia", se dijo luego.

    Este ciclo retomó esta noche una de las obras más importantes en lengua hispana a partir de un diálogo con el ensayo "Una habitación propia" de la escritora británica Virginia Woolf, donde reflexiona en torno a las dificultades y necesidades históricas que han tenido las mujeres para acercarse a la escritura.

    Para Sor Juana, el hecho de vivir en un convento proporcionó esa habitación propia de la que habla Woolf en su ensayo, pues esto le permitió no sólo escribir, sino desarrollar su talento, que en cualquier otra condición hubiera sido más difícil debido a la época en la que vivió, destacó por su parte Cecilia López Ridaura.
    Escritora, López Ridaura añadió: "Sor Juana es una gran figura del barroco hispánico. Si bien es difícil inscribirla en el sentido del feminismo porque ese concepto no tiene que ver con su época, y puesto que sigue siendo una mujer de su época, fue más bien una mujer con capacidades extraordinarias".
    A López Ridaura le interesó hoy hablar acerca de "La carta Atenagórica", documento que Sor Juana Inés de la Cruz escribió como una réplica al sermón del padre jesuita portugués Antonio Vieira (1608-1697), en la que reflexiona acerca de la mayor expresión de amor de Cristo al momento justo de morir.
    "Esta misiva suscitó opiniones encontradas en algunas personas que no estaban de acuerdo con Sor Juana, como por ejemplo Sor Filotea de la Cruz (seudónimo del obispo de Puebla, Manuel Fernández de Santa Cruz), de quien se defendió con argumentos sólidos su derecho a escribir acerca de temas teológicos", concluyó.

    Fuentehttp://www.cronica.com.mx/notas/2013/755375.html

    20 de abril de 2013

    Sólo para sorjuanistas


    Sólo para sorjuanistas

    Linda Egan

     
    Sara Poot Herrera,
    Los guardaditos de Sor Juana,
    UNAM, Textos de Difusión Cultural,
    México, 1999.

    En Los guardaditos de Sor Juana, Sara Poot Herrera indaga en novedosas investigaciones acerca de la más destacada figura del México colonial. Su libro reúne trece ensayos en torno a una serie de cartas y ensayos que la investigadora caracteriza como "guardaditos" o escritos que la monja barroca no soltó para la circulación pública. Estas cartas y poesías, algunas todavía no atribuibles incontestablemente a Sor Juana, no salieron en las diversas ediciones de su obra que se hicieron antes y poco después de la muerte de la monja. En el caso de Los guardaditos de la profesora Poot Herrera, los textos individualmente representan capítulos de un drama sociopolítico y literario que, al publicarse en su mayoría entre 1995 y 1999, contribuyeron al desarrollo de tópicos críticos que iban surgiendo alrededor de nuevos hallazgos en el campo sorjuanino. El conjunto de estos artículos, ahora en forma de libro, deja ver con mayor claridad aún y una perspectiva global, la red de relaciones entre documentos y personajes que la investigadora destaca. Poot Herrera nos permite entrever causas y efectos que antes parecían más enigmáticos.
    En primera instancia estos ensayos enumeran, describen, fechan y, con abundancia y precisión filológicas, glosan cinco descubrimientos que ahora amplían la obra de Sor Juana y los estudios sobre ella: un soneto desconocido hasta 1964; unos Enigmas escritos para monjas en Portugal, publicados en 1968; la llamada Carta de Monterrey con la que, en 1682, Sor Juana despidió a su confesor (hallada en 1980); un final a la comedia La segunda Celestina, atribuido a Sor Juana, hallado en 1990; una Carta de Serafina de Cristo, posiblemente de Sor Juana, descubierta en 1960 y hecha pública en 1995, y otra versión de una Protesta de la fe que la monja parece haber redactado en 1694. Esta Protesta se dio a conocer en 1997.
    Gran parte del valor de estos nuevos textos está en su relación con el grueso de los escritos siempre conocidos de Sor Juana; el juego entre lo público y lo privado es el eje organizativo de Los guardaditos. Al explicar selección y ordenamiento de los ensayos, la introducción tal vez sea la mejor reseña de este volumen. En ella, y manifestando su interés por la historia novohispana y la biografía de Sor Juana, dice Poot Herrera que quiso hacer hincapié en los hallazgos recientes y, al mismo tiempo, considerar "cómo había vivido Sor Juana en el convento; o sea, ver sobre todo esa parte de clausura, de intimidad, respecto a la escritora y su creación". Inevitablemente, ver lo privado involucra lo público y oficial, que conlleva la amenaza y la realización de actos de censura. En los textos que siguen, la investigadora entrega lo que ha prometido: una visión de la escritora y su entorno que, mediante un detallismo intenso, revela la vocación de una arqueóloga de la literatura que del verso y la prosa obtiene evidencias que afinan la imagen borrosa de la monja, una visión opacada por los signos de interrogación que todavía penden sobre los estudios sorjuaninos.
    Los primeros seis ensayos y el penúltimo están directamente relacionados con las cuestiones de autoría inherentes a los escritos antes desconocidos y los que la crítica ha producido a partir de su descubrimiento. La mayor parte de lo que dice Poot Herrera al respecto se dedica a un examen minucioso de la Carta de Serafina de Cristo y las circunstancias de su producción; el erudito Elías Trabulse ha afirmado en diversos documentos que la carta es un borrón satírico de la famosa autodefensa que Sor Juana iba a redactar un mes después, en 1691: la Respuesta a Sor Filotea de la Cruz (es decir, al obispo de Puebla). Sin entrar en el detallismo requerido para aseverar teorías verosímiles al respecto, cabe notar que la postura de Poot Herrera se muestra prudentemente flexible, vacilando entre autocuestionarse o aceptar la afirmación de Trabulse acerca de la autoría del texto; para la fecha de Los guardaditos, la investigadora deja entreabierta esa puerta, satisfecha por la velocidad con que la existencia del texto, escrito por quien fuera, aumenta el tableau dramático que rodeaba la publicación, meses atrás, de una controvertida carta de Sor Juana (la llamada Atenagórica, sobre cuestiones teológicas) y que colocó a la monja en el eje de un huracán de censuras y ?ahora lo sabemos gracias a laSerafina? de elogios también. Desde la perspectiva que tenemos hoy sobre aquel episodio podemos ver que, al perder la batalla por su derecho a expresarse públicamente sobre cuestiones teológicas, Sor Juana no fue a su destino sola: también terminó castigado un sacerdote que, dentro del propio convento de la monja, se había arriesgado a alabar a Sor Juana, precisamente por su agudeza teofilosófica y retórica.
    A este nuevo enfoque de debate crítico, la profesora Poot Herrera contribuye con importantes facetas. Aparte de resumir y ordenar datos dispersos, compara la Serafina con escritos conocidos de la monja y revela, persuasivamente, el interés particular de Sor Juana en los tópicos espirituales que más se vinculan al nombre de Serafina, lo cual fortalecería la teoría de Trabulse. A final de cuentas, sin embargo, la importancia fundamental del debate sobre autoría de la Serafina "es que demuestra que el campo sorjuanino sigue vivo, en pie y encaminado hacia nuevos hallazgos y diversidad de visión sobre obra y vida de la monja".
    Prueba magistral de la fuerza imperecedera de los estudios sorjuaninos es, en particular, el segundo ensayo de Los guardaditos, "Sor Juana y su mundo, tres siglos después" (primero publicado como introducción al volumen epónimo, editado por la misma Poot Herrera en 1995). El texto es un ejemplo inmejorable de la erudición, del espíritu filológico y de la voz personal de Sara Poot Herrera. En "Sor Juana y su mundo" se propone ver la situación de Sor Juana respecto a su clausura y la censura ejercida contra la monja y su obra.
    Otros dos ensayos y gran parte del último (el cual se puede leer a manera de conclusión del volumen) se dedican a la enumeración, descripción y glosa de muchos romances, una de las formas poéticas predilectas de Sor Juana. Otro aspecto de la labor filológica y biográfica de Poot Herrera es que estas lecturas cubren más de tres décadas de escritura e identifican datos que suelen considerarse autobiográficos. En la serie de artículos, la investigadora destaca los múltiples usos del romance, forma de versificación casi conversacional con un fuerte aspecto epistolar y una "presencia femenina" que se vincula a la veneración sorjuanina de la Virgen María y la amistad de la monja con virreinas y otras mujeres nobles, tanto en la Nueva España como en España y Portugal . Acertadamente, Poot Herrera observa que los romances de Sor Juana "son literal y metafóricamente archivos del tiempo" marcado por la monja desde su celda y, además, que "las anáforas de algunos romances, y sus estribillos son testimonios, repeticiones de la vida cotidiana". De hecho, los romances son "parte fundamental de la obra sorjuanina en los que se leen las circunstancias, los diálogos de la época, su cruce intertextual y contextual".
    En todos los ensayos de este volumen se fabrican discursos paralelos ?biográfico, autobiográfico y bibliográfico? entre matorrales de datos: nombres, siempre completos, reiterados; fechas precisas, completas y ordenadas cronológicamente (hazaña que por sí sola expone una mina de oro en el campo no solamente sorjuanino sino también novohispano); lugares, geográficamente situados en relación con otros sitios notables en el escenario novohispano; páginas y procedencia de manuscritos examinados y citados; datos bibliográficos exhaustivos y reiterados; enumeraciones continuas y precisas; series que incluyen toda posible permutación, e insistentes genealogías. La erudición de Los guardaditos y la voluntad detallista de su autora no dejan dato sin documentar. Editora y colaboradora de varias antologías de ensayos críticos sobre Sor Juana, Sara Poot Herrera funciona aquí como única autora, cuya mano en la tarea de redactar se manifiesta de la primera a la última página. Los guardaditos, como todas las colecciones que Poot ha traído a la luz, combina la disciplina técnica con la inclusividad filológica. La limpieza textual abre campo para el lector que quiera atravesar esta geografía semántica.
    Como si se diera cuenta de que tanto academicismo obliga a conceder un descanso, Poot Herrera nos regala juegos de palabras y otras frases felices. Para citar algunas, dice la profesora que Sor Juana "se supo la mejor de todos y supo que todos supieron que era la mejor" y, respecto a la Carta al padre Núñez con la que Sor Juana despide a su confesor, que la quería muerta al mundo, dice Poot Herrera: "pero Sor Juana estaba y era muy viva". Luego, respecto al texto privilegiado del segundo volumen de sus obras, dice también Poot Herrera que la controvertida Carta Atenagórica, la que da fin a la aventura escritural de la monja, "es corona de un libro y corona de espinas para su autora".
    Con razón se podría caracterizar la erudición de Sara Poot Herrera como un tipo único de lectura narrativizada, como una glosa fascinante de erudición ajena. Más que nada, podemos contar con que esta académica ha leído todo material disponible sobre el tema y que es capaz de ordenar infinitos detalles para destacar tensiones, tendencias y otras consecuencias antes no vislumbradas. En un sentido concreto, la autora narra una bibliografía que termina siendo elegante y a veces juguetonamente anotada. Para citar una instancia particularmente dramática, habría que ver su ensayo "La segunda Celestina: ¿de Salazar y Torres y Sor Juana?". Al reunir datos de todas las publicaciones existentes sobre el hallazgo del susodicho drama, Poot Herrera nos ofrece la bibliografía más inteligentemente anotada que se imagine o desee. Para decirlo de otra manera, el texto sobre La segunda Celestina es en sí una reseña crítica y provocadora, un "repaso de trabajos" que pone a nuestra disposición una cantidad de lecturas precisamente calibrada.
    En su conjunto, los textos que componen Los guardaditos de Sor Juana teatralizan la propia erudición y, al animar así los hechos enterrados en bibliotecas, incorporan a una Sor Juana a la que podemos ver actuar, más brillante que nunca, como estrella de un drama trascendental, algo así como la figura exageradamente grande de la Marina representada en los Lienzos de Tlaxcala como la fuerza reinante del conflicto entre poderes europeos y americanos. Habiendo sacado de los pliegues de su hábito los "guardaditos" que atesoraba la monja, Poot Herrera magnifica la importancia del rol de aquélla en la vida novohispana. No es ya simplemente la heroína desde siempre reconocida de las letras barrocas, ni sólo la víctima feminista de la misoginia, sino también jugadora hábil y osada en las partidas socioculturales de su momento, contiendas cuyas reglas ella se atrevía a cuestionar, aun a sabiendas de que las consecuencias podrían ser fatales.
    En uno de sus observadores más perspicaces ?es decir, en Sara Poot Herrera?, vemos a una cabalista que invoca los mágicos poderes de cifras y hechos para sacar vida a los muertos. Los lectores de Poot Herrera deben ser tan pacientes con su erudición como a su vez Sor Juana lo tenía que ser con los conspiradores que maniobraban su destino. Pero si nosotros, lectores tanto de Poot Herrera como de Sor Juana, nos valemos de tal paciencia, seremos premiados con una visión que otras obras no nos dan de la erudita inmortal del México virreinal, genio y heroína popular que sigue declamando en el teatro de nuestra imaginación.

    Fuente: 
    Disponible en: http://www.jornada.unam.mx/2000/08/20/sem-libros.html 

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